Sintra

Favorecida por su clima, Sintra fue elegida para grandes construcciones palaciegas donde conviven, al modo más romántico, paisaje y arquitectura. Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1995.

La Sierra de Sintra vista desde una imagen aérea da la impresión de un paisaje mucho más natural donde se distingue una pequeña montaña de granito cubierta por bosque y el campo que parece que cada vez tiene mayor superficie entre Lisboa y la costa. Pero si nos acercamos más, las marcas que vemos en la montaña revelan una sorprendente riqueza y diversidad cultural, que abarca varios siglos de la historia de Portugal.

Debido a sus favorables condiciones climáticas (suaves y frescos veranos e inviernos soleados), la corte y los nobles del país se establecieron en Sintra y en las laderas de la Sierra Norte, a lo largo de los cuales fueron construyendo suntuosas villas y granjas que rodearon de jardines y parques de estilo artístico y una flora exuberante. El casco antiguo de Sintra fue elegido como centro de un palacio real construido en época medieval.

Por otra parte, la soledad de la sierra y sus bosques atrajeron a monjes y ermitaños que enriquecieron el lugar con ermitas y conventos e introdujeron aspectos religioso-culturales.

El momento de mayor auge de este extraordinario desarrollo del paisaje de Sintra se alcanzó con el reinado del Rey Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha dinastía (1836-1885). Este rey-artista, amante de Sintra y de su paisaje, trajo el romanticismo a esta región mediterránea. El rey compró el Convento da Pena situado en una montaña escarpada y lo convirtió en un palacio fabuloso y mágico, dándole el tamaño máximo que sólo una visión romántica de un gran valor artístico y una gran sensibilidad estética podía soñar. Anticipándose al famoso Neuchwanstein castillo construido por Luis II de Baviera.

Don Fernando rodeó el palacio de un gran parque romántico con árboles raros y exóticos, decorados con fuentes, cursos de agua y la cadena de lagos, chalet, capillas, falsas ruinas, atravesado por caminos sin paralelo en ningún otro lugar. El rey también se encargó de restaurar los bosques de la Sierra, donde miles de árboles fueron plantados, principalmente de roble y pino ciprés indígenas, mexicanos, acacias de Australia, y muchas otras especies que contribuyen plenamente al carácter romántico de la montaña.

Así evolucionó la Sierra de Sintra, un paisaje cultural de un valor eminente y singular. Desde el punto de vista más natural, se asociaron flora mediterránea y del norte con cientos de árboles y flores exóticas en un marco de jardines, parques y bosques verdaderamente único. Desde el punto de vista artísticos convivieron numerosos estilos en obras que muestran el paso de la historia por este paraje.

Sintra fue clasificada como Patrimonio de la Humanidad, en la categoría de “paisaje cultural”, el 6 de diciembre de 1995, durante la 19 ª reunión del Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO en Berlín.